jueves, 13 de diciembre de 2012

Desolación...

Ese sonar de aldabas me levantó del sueño,
sobresaltó mi corazón dormido.
Cuánto ruido trajiste a esta casa: 
Qué músicas extrañas, 
qué silencios no oídos. 
Todos los corredores se poblaron de ti 
y olvidaron de golpe su soledad de siglos. 
Un aroma de mar invadió las alcobas
y a un día tembloroso se abrieron sus postigos.
Ese sonar de aldabas sobresaltó mi noche,
rompió candados y rompió cerrojos.
No podía saber que cuando el aire
barriera el polvo en todos los rincones
y de olor a manzanas se llenara la huerta,
te marcharías sin sonar de aldabas,
dejando tus silencios
                                    y las puertas abiertas.



                                                                                      Pilar Bonnett

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